El Club Social y Deportivo Sol de Mayo nació el 2 de agosto de 1920 en Viedma como iniciativa de un grupo de exalumnos del colegio San Francisco de Sales. Eran jóvenes de la ciudad que querían seguir vinculados entre sí y al mismo tiempo encontrar un espacio para el deporte y la vida social. Entre aquellos fundadores se recuerdan nombres como Próspero Entraigas, Miguel Urrutia, Severo La Canale, Manuel Linares, Víctor Ubicaín, Primo Guidi, Francisco Mondillo y el sacerdote Pedro Telmo Ortiz, figura clave en la vida educativa y comunitaria de Viedma.
Durante sus primeros años, el club dependió del centro de exalumnos del colegio. Recién el 24 de marzo de 1924 decidió dar un paso más grande y desvincularse formalmente para empezar a desarrollarse como institución independiente. Desde entonces, Sol de Mayo comenzó a construir su propia historia, primero como un pequeño club de exalumnos y, con el tiempo, como uno de los grandes referentes deportivos de la capital rionegrina.
El nombre Sol de Mayo no fue casual. La elección tuvo un sentido profundamente patriótico, en línea con el espíritu de la época y con la impronta del padre Ortiz. Evoca al sol del escudo nacional y a las fechas fundacionales de la Argentina, uniendo al club con los símbolos más reconocibles de la identidad del país.
Los colores celeste y blanco acompañaron naturalmente esa idea. Aunque no quedó registrado quién propuso la combinación, todo indica que se pensó como un reflejo directo de la bandera argentina. Hoy la camiseta es mayormente blanca, con franjas horizontales celestes, aunque los diseños fueron cambiando con los años. El resultado es una identidad clara: cuando juega Sol de Mayo, en la cancha se ve una imagen que remite al país y a la ciudad que representa.
En 1935, gracias al aporte de socios e hinchas, Sol de Mayo pudo comprar un terreno sobre la Avenida Costanera, a orillas del río Negro. Cuatro años más tarde, en 1939, ese espacio ya estaba listo para ser utilizado como campo de deportes. No sólo se afirmó ahí el fútbol, sino que también se abrieron las puertas a otras disciplinas como el básquet, que luego tendría un rol central en la vida del club.
Con el tiempo, la institución fue creciendo en infraestructura. Hoy cuenta con dos predios deportivos. En la esquina de 25 de Mayo y Alsina funciona un complejo cubierto donde se practican gimnasia artística, vóley y básquet, con un estadio cerrado para estas disciplinas con capacidad aproximada de 900 personas. El segundo predio está ubicado en Avenida Costanera y Don Bosco, y allí se concentra la actividad al aire libre: fútbol, tenis, hockey, rugby, natación y tenis de mesa, entre otros deportes. Ese desarrollo multideportivo consolidó a Sol de Mayo como un club social integral, abierto a distintas generaciones.
El salto a las competencias organizadas por AFA llegó con el Torneo Regional de 1970, clasificatorio al viejo Torneo Nacional. Fue la primera vez que Sol de Mayo midió sus fuerzas fuera del ámbito estrictamente local. En aquella oportunidad se enfrentó a All Boys de Santa Rosa, empató 0 a 0 en Viedma y cayó 3 a 1 en La Pampa, despidiéndose en la primera instancia. Más allá del resultado, fue el comienzo de un vínculo con los torneos federales que con el tiempo se volvería habitual.
En los años ochenta, tras destacadas campañas en la Liga Rionegrina de Fútbol, el club accedió a varias ediciones del Torneo del Interior, que por entonces funcionaba como tercera categoría del fútbol argentino para los equipos del interior. Sol de Mayo participó en las temporadas 1986–87, 1987–88 y 1992–93, todas con eliminaciones tempranas, pero sumando experiencia y rodaje frente a rivales de toda la Patagonia y otras regiones.
El nuevo siglo encontró a Sol de Mayo alternando títulos locales y participaciones en los campeonatos federales. En 2005, el club se coronó campeón de la Liga Rionegrina, lo que le valió la clasificación al Torneo del Interior 2006–2007. Luego de esa experiencia regresó a la liga doméstica, pero en 2011 volvió a gritar campeón con una goleada por 4 a 1 frente a Villa Congreso, asegurando otra vez su presencia en el Torneo del Interior 2012.
Esa vez, sin embargo, la historia tomó otro rumbo. El Consejo Federal decidió invitar a Sol de Mayo al Torneo Argentino B, la cuarta categoría para los equipos del interior. El club aceptó y disputó esa competencia de manera ininterrumpida desde la temporada 2012–2013 hasta la última edición del Federal B 2017, atravesando el período de transición en el que el Argentino B cambió su nombre y formato.
Durante esos años, el equipo albiceleste se acostumbró a viajar, a enfrentar rivales de distintas provincias y a pelear mano a mano por el ascenso. Lo que al principio parecía sólo un salto deportivo terminó siendo la base de algo mucho más grande.
La temporada 2017 del Federal B quedó marcada como un antes y un después para Sol de Mayo. El equipo viedmense hizo una primera fase muy sólida, terminó como puntero de su grupo y se metió en los cruces por el ascenso. En los mano a mano mostró carácter y contundencia: superó a Huracán de Comodoro Rivadavia con un global de 6 a 2 y a Deportivo Rincón por penales, después de empatar en los dos partidos.
La final lo encontró frente a un rival de peso de Olavarría. Sol de Mayo ganó como visitante por 1 a 0 y lo cerró en Viedma con un 2 a 1, empujado por su gente y con goles de Maximiliano Tunessi, que venía de destacarse también en la Copa Argentina. Con ese resultado, el club consiguió por primera vez en su historia el ascenso al Torneo Federal A, tercera categoría del fútbol argentino para equipos indirectamente afiliados a la AFA. Desde 2018, el Albiceleste se mantiene en ese nivel, compartiendo escalón con instituciones históricas del interior.
El camino de Sol de Mayo en la Copa Argentina también dejó capítulos inolvidables. En la edición 2016–17, el equipo superó a Germinal, a Jorge Newbery de Comodoro Rivadavia y a Bella Vista de Bahía Blanca en las fases preliminares, lo que le permitió meterse entre los 64 clubes que disputan los Treintaidosavos de final. Allí se midió con Defensa y Justicia, su primer cruce oficial ante un rival de Primera División, y aunque el resultado fue 3 a 0 en contra, aquella participación fue histórica: por primera vez un club de la comarca Viedma–Patagones llegaba tan lejos en el torneo.
Lo mejor, sin embargo, estaba por venir. El 26 de febrero de 2019, por los Treintaidosavos de final de una nueva edición de la Copa Argentina, Sol de Mayo enfrentó a Rosario Central, vigente campeón del torneo y equipo de la Primera División. El partido se jugó en el estadio Brigadier Estanislao López, en Santa Fe. El Albiceleste dio el golpe de la jornada: se puso 2 a 0 arriba con goles de Federico Reyes y Lucas Malacarne, sufrió el empate de Claudio Riaño en pocos minutos, pero terminó festejando en la tanda de penales, donde se impuso 5 a 4. Esa noche quedó grabada para siempre como uno de los grandes hitos de la historia del club y del fútbol rionegrino.
En la actualidad, Sol de Mayo es mucho más que un equipo de fútbol en el Federal A. La institución forma parte de Alianza Viedma, que compite en la segunda categoría del básquet nacional, y sigue ampliando su oferta deportiva con disciplinas como hockey, rugby, tenis, natación, vóley y gimnasia artística, entre otras. El formato multideportivo, sostenido en sus dos predios principales, convierte al club en un espacio vivo y en movimiento durante todo el año.
Dentro de la cancha, el equipo albiceleste se consolidó como representante permanente de Viedma en el Torneo Federal A, compartiendo protagonismo con otros clubes rionegrinos como Cipolletti y Deportivo Roca. Fuera de ella, el club se mantiene fiel al espíritu con el que nació en 1920: un grupo de jóvenes que decidió organizarse, pintar una camiseta con los colores de la bandera y construir, desde la capital de Río Negro, una historia que hoy ya lleva más de cien años de fútbol, cultura y sentimiento albiceleste.